Un insumo más a las entradas anteriores. El género fluído hace referencia a que el género es algo que está en constante movimiento, es algo que fluye.
domingo, 2 de junio de 2013
The Genderbread Person
Esta imagen podría responder un poco mis inquietudes respecto a la entrada anterior.
Acá se diferencia entre identidad, expresión, sexo y orientación. Puede ser que hayan más calificaciones que se estén escapando a este cuadro, pero al menos es un avance de por dónde una persona se autodefine a sí mismo en su género, su cuerpo y sus deseos.
Es curioso como una imagen tan sencilla puede integrar tanta información y consideraciones. Explicar algo tan complejo por medio de un dibujito sencillo. A mí simplemente me parece genial.
Por otro lado está este blog:
Al igual que en XXY, trata de unos padres relatando como es criar a una hija transgénero. Es muy sorprendente ver como el amor puede más que cualquier etiqueta y prejuicio que haga la sociedad. Y además de eso, comparten la historia para que otros padres vean como es criar a un hijo así. Me parece una acción muy valerosa, honesta y muy conmovedora.
viernes, 10 de mayo de 2013
¿Y si no hay nada que elegir?
Ayer vi una película bastante interesante y estimulante, llamada XXY.
La película en cuestión trata acerca de una pareja argentina (Kraken y Suli) que se va a vivir a una zona rural en Uruguay. Esta decisión la toman ya que la hija de ambos (Alex) nace intersexual, o sea, tiene rasgos de ambos géneros, entonces desean alejarse de una ciudad y de personas prejuiciosas que consideran afectarían a su hija, ocultando su condición. Sin embargo, cuando la joven cumple 15 años y empieza a explorar su sexualidad, la verdad se empieza a revelar entre algunas personas. Además, a este hogar llegan a visitarlos otra familia argentina (nunca se revela exactamente que relación tienen entre ellas), y se empieza a dar una relación cercana entre Alex y el hijo de esta otra familia (Álvaro).
La película tiene muchos elementos llamativos a nivel de género, en el sentido que lo desdibuja. Alex y Álvaro llegan a tener un encuentro sexual, pero inesperadamente (para quien está de espectador/a de la película) Alex penetra a Álvaro, a lo cual él se sorprende pero no se resiste. El coito tienen que interrumpirlo porque Kraken los descubre. Este, luego de ver esta escena, busca consejo en una persona que sabe que se operó para cambiarse de sexo, para saber que hacer con su hija. Luego de conversar con esta persona, se da cuenta de que debe ser la propia Alex quien tome las decisiones de qué hacer con su vida. Sin embargo, al final Alex le dice a su padre que "tal vez no haya nada que elegir". Por otro lado, luego del encuentro con Alex, a Álvaro le entran dudas acerca de su sexualidad y sus sentimientos. Termina diciéndole a Ale que la ama, pero esta lo rechaza porque no cree que sea cierto.
Luego de ver esta película, cualquier límite preestablecido de sexo y género se cae. Por un lado, una chica con genitales de hombre y mujer. Con hormonas en su cuerpo que le hacen crecer, al mismo tiempo, pechos de mujer y vellos faciales. Con sentimientos encontrados acerca de cómo y con quién expresar su sexualidad: si con otras mujeres u hombres. Por su parte, Álvaro tiene cuerpo de hombre, pero psicológicamente, tampoco está claro en que es lo que le gusta: hombres o mujeres. O tal vez una combinación de ambos, algo que solo Alex le puede dar. Pero lo más interesante es el planteamiento abierto que deja el final de la película, en dónde no define una dirección a seguir, ni plantea una "decisión correcta". La frase de Alex: "¿y si no hay nada que elegir?" es muy poderosa. La sociedad siempre busca homogenizar el género y las relaciones románticas, como plantea Coral Herrera en su libro "Más allá de las etiquetas" (1): queriendo polarizar todo en pares de opuestos, cuando más bien entre los extremos hay millones de en medios, de gradaciones de color e intensidad, de categorías que se multiplican, de formas que no se conforman, de posibilidades infinitas.
Habiendo visto esta película, llego a la conclusión de que el género no solamente se construye y deconstruye a diario, sino que es algo que es único para cada individuo y que cada uno lo moldea como quiera. Caer en generalizaciones o en limitaciones, impuestas por la sociedad, solo impide nuestra expresión real y verdadera de lo que podemos ser o de lo que queramos experimentar con nosotros mismos. Después de todo: "¿y si no hay nada que elegir?"
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1. Herrera, C. (2011). Más allá de las etiquetas. Mujeres, hombres y trans. San Isidro: Editorial Txalaparta
sábado, 20 de abril de 2013
La mujer en los medios
El Proyecto de Monitoreo Global de Medios, y en especial su informe de "¿Quién figura en las noticias?", me genera bastantes cuestionamientos relativos al tema. Por el hecho de trabajar en un medio de comunicación audiovisual masivo (Canal 15 de la Universidad de Costa Rica), estoy inmerso en esta dinámica y es algo que, a diferencia del post anterior, si tengo bastante tiempo más de notarlo. Seguro que es por el hecho de que mi jefa anterior me lo hacía ver a la hora de elaborar los reportajes.
A mí me parece que los medios no son necesariamente los que generan el desbalance. O sea, de fijo si lo generan en una parte (escogen solo entrevistar a hombres), pero por otro lado el medio refleja la dinámica de la sociedad. Por ejemplo: la mayoría de veces, cuando se va a entrevistar a alguien experto o alguna persona con una posición de liderazgo/jefatura/poder, etc., es un hombre. Ni modo... hay que entrevistar a esa persona porque es quien está autorizado o que legitimidad para hablar.
El otro escenario es cuando vamos a entrevistar gente al azar, por algún tema general, y las mujeres reúsan dar declaraciones porque: a) no está el esposo en la casa, b) no está el jefe (cuando es un lugar de trabajo), c) no se sienten capaces de responder, d) prefieren que otra persona responda, etc. Uno trata de persuadir a las mujeres para que hablen, diciéndoles que su opinión es importante, o que ando buscando la opinión de ella misma (no de su esposo o jefe), pero muchas veces no hay manera de que se atrevan. Entiendo que tienen tantos prejuicios y presiones encima, que se sienten imposibilitadas de hacerlo. Es una sensación tan fea cuando eso sucede... sentirse impotente de cambiar esa situación.
En todo caso, cuando uno tiene presente esta dinámica social, casi que se siente obligado a ser más equilibrado en la búsqueda de a quienes entrevista. Uno se lo autoimpone, a ver si acaso cambia la situación. Pero ese sentimiento de que sea forzado también es incómodo, uno desearía que no fuera así sino más bien de manera más natural.
Por otro lado, el medio en el que trabajo si tiene algunas consideraciones que lo diferencian de ser un canal televisivo promedio. Entre esas cosas está el hecho de tener un programa especializado en hablar de temas de mujer (Palabra de mujer), y en general programa que visibilizan grupos minoritarios o temas invisibilzados poder como adultos mayores, personas con discapacidad o la temática ambiental. Es más, en el Canal 15 la gran mayoría de personas encargadas de la producción son mujeres (16 mujeres vs 3 hombres), aunque eso sí, el personal técnico si está conformado en su totalidad por hombres.
De cualquier manera, no entiendo por qué razón debe haber tanta diferencia en cuanto a cargos laborales. Dejando de lado consideraciones culturales y desequilibrios de poder, ¿será que hombres y mujeres tenemos características físicas, fisiológicas y psicológicas tan diferentes que hagan que unos se desempeñen mejor en unos trabajos que en otros? Trataré de ampliar más adelante este tema y buscar respuestas a mi inquietud.
A mí me parece que los medios no son necesariamente los que generan el desbalance. O sea, de fijo si lo generan en una parte (escogen solo entrevistar a hombres), pero por otro lado el medio refleja la dinámica de la sociedad. Por ejemplo: la mayoría de veces, cuando se va a entrevistar a alguien experto o alguna persona con una posición de liderazgo/jefatura/poder, etc., es un hombre. Ni modo... hay que entrevistar a esa persona porque es quien está autorizado o que legitimidad para hablar.
El otro escenario es cuando vamos a entrevistar gente al azar, por algún tema general, y las mujeres reúsan dar declaraciones porque: a) no está el esposo en la casa, b) no está el jefe (cuando es un lugar de trabajo), c) no se sienten capaces de responder, d) prefieren que otra persona responda, etc. Uno trata de persuadir a las mujeres para que hablen, diciéndoles que su opinión es importante, o que ando buscando la opinión de ella misma (no de su esposo o jefe), pero muchas veces no hay manera de que se atrevan. Entiendo que tienen tantos prejuicios y presiones encima, que se sienten imposibilitadas de hacerlo. Es una sensación tan fea cuando eso sucede... sentirse impotente de cambiar esa situación.
En todo caso, cuando uno tiene presente esta dinámica social, casi que se siente obligado a ser más equilibrado en la búsqueda de a quienes entrevista. Uno se lo autoimpone, a ver si acaso cambia la situación. Pero ese sentimiento de que sea forzado también es incómodo, uno desearía que no fuera así sino más bien de manera más natural.
Por otro lado, el medio en el que trabajo si tiene algunas consideraciones que lo diferencian de ser un canal televisivo promedio. Entre esas cosas está el hecho de tener un programa especializado en hablar de temas de mujer (Palabra de mujer), y en general programa que visibilizan grupos minoritarios o temas invisibilzados poder como adultos mayores, personas con discapacidad o la temática ambiental. Es más, en el Canal 15 la gran mayoría de personas encargadas de la producción son mujeres (16 mujeres vs 3 hombres), aunque eso sí, el personal técnico si está conformado en su totalidad por hombres.
De cualquier manera, no entiendo por qué razón debe haber tanta diferencia en cuanto a cargos laborales. Dejando de lado consideraciones culturales y desequilibrios de poder, ¿será que hombres y mujeres tenemos características físicas, fisiológicas y psicológicas tan diferentes que hagan que unos se desempeñen mejor en unos trabajos que en otros? Trataré de ampliar más adelante este tema y buscar respuestas a mi inquietud.
miércoles, 17 de abril de 2013
¿No es obvio?
Después de leer el libro de Gioconda Belli, me cuestionó las cosas referentes al género y al desequilibrio entre hombres y mujeres casi que a diario. Por ejemplo, ayer en la graduación de mi novia, me molestó mucho la exagerada mayor presencia de hombres que mujeres en la mesa principal. De los 12 dirigentes universitarios (representantes de la Rectoría, el Consejo, decanos, directores de Escuela, etc.), ¡11 eran hombres! Supongo que es una proyección del momento que vive la Universidad de Costa Rica.
Antes de la actual administración, había mucho más presencia de mujeres dirigiendo a la Universidad (empezando por la misma Rectoría). Recuerdo que, al menos en mi propia graduación, la representatividad de hombres y mujeres era más equilibrada. Y hasta cierto punto, se sentía una mayor protección hacia el estudiantado. Poniéndolo en palabras de Belli, diría que había un trato más maternal, más amoroso. Ahora la cosa ha cambiado, con una Universidad que cada vez menos invierte en acción social, que cada vez le da más importancia a la plata por encima de otros aspectos. Más neoliberal, diría yo. Sin embargo, me llamó la atención que detrás de la mesa principal había una frase de Rodrigo Facio que hacía referencia a "la apertura ideológica y la libertad que siempre han sido características de la Universidad". Lo leí y sentí un rechazo inmediato. ¿Cómo decir eso ahora, cuando la Universidad parece estar callando a tantos sectores a lo interno? ¿Cómo decir eso, con 11 señores encorbatados al frente? ¿Acaso las ideas de la mujeres no cuentan? ¿Dónde queda la igualdad de género? ¿No contaría eso también como apertura ideológica y libertad de expresión?
De alguna manera, esta aberrante administración universitaria me ha hecho cuestionar a la Universidad que antes creía casi perfecta. Volví a ver a todo lado buscando otra mirada que desaprobara ese texto, pero no la encontré. Parecía que todo el mundo estaba satisfecho con esa idea y con los 11 hombres que teníamos al frente hablando. ¿Y por qué nadie se lo cuestionaba? ¿Acaso no era bastante claro el ejercicio contradictorio que teníamos al frente? Entonces me di cuenta que yo tampoco me lo hubiera cuestionado hace un año. Y muy pocas veces o nunca había cuestionado este tipo de cosas en la vida. ¿Por qué no lo hacía? ¿Qué ha cambiado en el último año que ahora sí logro verlo?
Lo primero que se me viene a la cabeza es que la sociedad nos tiene acostumbrados a normalizar las cosas. O sea, que no solemos cuestionarnos lo establecido. Y más algo que lleva tantos siglos fomentándose así. Vemos normal la distribución de trabajos, de dirigencias y de liderazgos por género. Es curioso que la gente no se de cuenta y no se cuestione lo usual que es que los hombres estén en puestos de poder, a pesar de que sí reconozcan cuando pasa lo contrario, o sea, cuando es una mujer la que asume una posición líder. Cuando Laura Chinchilla asumió el poder, por ejemplo, todo el mundo reconoció que era la primer mujer en ser presidenta, pero nunca hubo un debate de por qué pasa eso hasta ahora, nunca se cuestionó por qué siempre habían sido hombres antes.
Lo segundo es que definitivamente la maestría me ha crecer a nivel crítico y académico. Supongo que nada en mi formación escolar/colegial/universitaria me había hecho cuestionarme el tema de género. Pero al ser la comunicación un eje fundamental de la vida humana y de su sociabilidad, coloca el tema en la discusión. Es desde la comunicación donde se ha generado, aumentado y establecido la desigualdad entre hombres y mujeres. Y al mismo tiempo, es desde la comunicación dónde se debe resolver el problema. Introducir estos cuestionamientos en mi vida la han enriquecido, intengrándose a otros conocimientos y experiencias previas, logrando construir una nueva visión de mundo más crítica.
Las cosas ahora me parecen tan obvias, que hasta me pregunto como es que fui tan tonto de nunca antes haberlas notado. Pero quiero buscar maneras para hacer que otras personas abran sus ojos ante esta realidad.
Antes de la actual administración, había mucho más presencia de mujeres dirigiendo a la Universidad (empezando por la misma Rectoría). Recuerdo que, al menos en mi propia graduación, la representatividad de hombres y mujeres era más equilibrada. Y hasta cierto punto, se sentía una mayor protección hacia el estudiantado. Poniéndolo en palabras de Belli, diría que había un trato más maternal, más amoroso. Ahora la cosa ha cambiado, con una Universidad que cada vez menos invierte en acción social, que cada vez le da más importancia a la plata por encima de otros aspectos. Más neoliberal, diría yo. Sin embargo, me llamó la atención que detrás de la mesa principal había una frase de Rodrigo Facio que hacía referencia a "la apertura ideológica y la libertad que siempre han sido características de la Universidad". Lo leí y sentí un rechazo inmediato. ¿Cómo decir eso ahora, cuando la Universidad parece estar callando a tantos sectores a lo interno? ¿Cómo decir eso, con 11 señores encorbatados al frente? ¿Acaso las ideas de la mujeres no cuentan? ¿Dónde queda la igualdad de género? ¿No contaría eso también como apertura ideológica y libertad de expresión?
De alguna manera, esta aberrante administración universitaria me ha hecho cuestionar a la Universidad que antes creía casi perfecta. Volví a ver a todo lado buscando otra mirada que desaprobara ese texto, pero no la encontré. Parecía que todo el mundo estaba satisfecho con esa idea y con los 11 hombres que teníamos al frente hablando. ¿Y por qué nadie se lo cuestionaba? ¿Acaso no era bastante claro el ejercicio contradictorio que teníamos al frente? Entonces me di cuenta que yo tampoco me lo hubiera cuestionado hace un año. Y muy pocas veces o nunca había cuestionado este tipo de cosas en la vida. ¿Por qué no lo hacía? ¿Qué ha cambiado en el último año que ahora sí logro verlo?
Lo primero que se me viene a la cabeza es que la sociedad nos tiene acostumbrados a normalizar las cosas. O sea, que no solemos cuestionarnos lo establecido. Y más algo que lleva tantos siglos fomentándose así. Vemos normal la distribución de trabajos, de dirigencias y de liderazgos por género. Es curioso que la gente no se de cuenta y no se cuestione lo usual que es que los hombres estén en puestos de poder, a pesar de que sí reconozcan cuando pasa lo contrario, o sea, cuando es una mujer la que asume una posición líder. Cuando Laura Chinchilla asumió el poder, por ejemplo, todo el mundo reconoció que era la primer mujer en ser presidenta, pero nunca hubo un debate de por qué pasa eso hasta ahora, nunca se cuestionó por qué siempre habían sido hombres antes.
Lo segundo es que definitivamente la maestría me ha crecer a nivel crítico y académico. Supongo que nada en mi formación escolar/colegial/universitaria me había hecho cuestionarme el tema de género. Pero al ser la comunicación un eje fundamental de la vida humana y de su sociabilidad, coloca el tema en la discusión. Es desde la comunicación donde se ha generado, aumentado y establecido la desigualdad entre hombres y mujeres. Y al mismo tiempo, es desde la comunicación dónde se debe resolver el problema. Introducir estos cuestionamientos en mi vida la han enriquecido, intengrándose a otros conocimientos y experiencias previas, logrando construir una nueva visión de mundo más crítica.
Las cosas ahora me parecen tan obvias, que hasta me pregunto como es que fui tan tonto de nunca antes haberlas notado. Pero quiero buscar maneras para hacer que otras personas abran sus ojos ante esta realidad.
lunes, 8 de abril de 2013
Inicio del Blog
Hoy inicio este blog titulado "Generando el género" justamente buscando encontrar, en mi diario vivir, una definición de género propia, hecha por mí. Es más, me atrevería a pensar, desde ya, que género ni siquiera tiene una definición puntual. Es más bien un concepto que uno construye y reconstruye a cada rato, y nunca termina de hacerlo.
Al menos esa es la sensación que me dejó la lectura del libro "El país de las mujeres" de Gioconda Belli. Cada página que leía me generaba mil ideas nuevas en muchos sentidos. Y también me hacía cuestionar muchos conceptos prejuiciosos de la sociedad, muchas cosas que ya se dan por sentado de cómo debería ser un hombre, de cómo debería ser una mujer, de cómo debería ser la relación de los unos con las otras, de las unas con los otros, de los unos con los unos, de las unas con las unas. Todo puede ser cuestionado y reelaborado en nuestra cambiante sociedad.
Así empieza este viaje.
Al menos esa es la sensación que me dejó la lectura del libro "El país de las mujeres" de Gioconda Belli. Cada página que leía me generaba mil ideas nuevas en muchos sentidos. Y también me hacía cuestionar muchos conceptos prejuiciosos de la sociedad, muchas cosas que ya se dan por sentado de cómo debería ser un hombre, de cómo debería ser una mujer, de cómo debería ser la relación de los unos con las otras, de las unas con los otros, de los unos con los unos, de las unas con las unas. Todo puede ser cuestionado y reelaborado en nuestra cambiante sociedad.
Así empieza este viaje.
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