Después de leer el libro de Gioconda Belli, me cuestionó las cosas referentes al género y al desequilibrio entre hombres y mujeres casi que a diario. Por ejemplo, ayer en la graduación de mi novia, me molestó mucho la exagerada mayor presencia de hombres que mujeres en la mesa principal. De los 12 dirigentes universitarios (representantes de la Rectoría, el Consejo, decanos, directores de Escuela, etc.), ¡11 eran hombres! Supongo que es una proyección del momento que vive la Universidad de Costa Rica.
Antes de la actual administración, había mucho más presencia de mujeres dirigiendo a la Universidad (empezando por la misma Rectoría). Recuerdo que, al menos en mi propia graduación, la representatividad de hombres y mujeres era más equilibrada. Y hasta cierto punto, se sentía una mayor protección hacia el estudiantado. Poniéndolo en palabras de Belli, diría que había un trato más maternal, más amoroso. Ahora la cosa ha cambiado, con una Universidad que cada vez menos invierte en acción social, que cada vez le da más importancia a la plata por encima de otros aspectos. Más neoliberal, diría yo. Sin embargo, me llamó la atención que detrás de la mesa principal había una frase de Rodrigo Facio que hacía referencia a "la apertura ideológica y la libertad que siempre han sido características de la Universidad". Lo leí y sentí un rechazo inmediato. ¿Cómo decir eso ahora, cuando la Universidad parece estar callando a tantos sectores a lo interno? ¿Cómo decir eso, con 11 señores encorbatados al frente? ¿Acaso las ideas de la mujeres no cuentan? ¿Dónde queda la igualdad de género? ¿No contaría eso también como apertura ideológica y libertad de expresión?
De alguna manera, esta aberrante administración universitaria me ha hecho cuestionar a la Universidad que antes creía casi perfecta. Volví a ver a todo lado buscando otra mirada que desaprobara ese texto, pero no la encontré. Parecía que todo el mundo estaba satisfecho con esa idea y con los 11 hombres que teníamos al frente hablando. ¿Y por qué nadie se lo cuestionaba? ¿Acaso no era bastante claro el ejercicio contradictorio que teníamos al frente? Entonces me di cuenta que yo tampoco me lo hubiera cuestionado hace un año. Y muy pocas veces o nunca había cuestionado este tipo de cosas en la vida. ¿Por qué no lo hacía? ¿Qué ha cambiado en el último año que ahora sí logro verlo?
Lo primero que se me viene a la cabeza es que la sociedad nos tiene acostumbrados a normalizar las cosas. O sea, que no solemos cuestionarnos lo establecido. Y más algo que lleva tantos siglos fomentándose así. Vemos normal la distribución de trabajos, de dirigencias y de liderazgos por género. Es curioso que la gente no se de cuenta y no se cuestione lo usual que es que los hombres estén en puestos de poder, a pesar de que sí reconozcan cuando pasa lo contrario, o sea, cuando es una mujer la que asume una posición líder. Cuando Laura Chinchilla asumió el poder, por ejemplo, todo el mundo reconoció que era la primer mujer en ser presidenta, pero nunca hubo un debate de por qué pasa eso hasta ahora, nunca se cuestionó por qué siempre habían sido hombres antes.
Lo segundo es que definitivamente la maestría me ha crecer a nivel crítico y académico. Supongo que nada en mi formación escolar/colegial/universitaria me había hecho cuestionarme el tema de género. Pero al ser la comunicación un eje fundamental de la vida humana y de su sociabilidad, coloca el tema en la discusión. Es desde la comunicación donde se ha generado, aumentado y establecido la desigualdad entre hombres y mujeres. Y al mismo tiempo, es desde la comunicación dónde se debe resolver el problema. Introducir estos cuestionamientos en mi vida la han enriquecido, intengrándose a otros conocimientos y experiencias previas, logrando construir una nueva visión de mundo más crítica.
Las cosas ahora me parecen tan obvias, que hasta me pregunto como es que fui tan tonto de nunca antes haberlas notado. Pero quiero buscar maneras para hacer que otras personas abran sus ojos ante esta realidad.

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